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Juguetes del México antiguo

comunidad-1702949082.jpg Cuando el ser humano pierde la inocencia sólo resta esperar su final. La capacidad de asombro es un catalizador importante para que la pureza se mantenga viva en el niño, el joven, el adulto, e incluso, en el anciano. Es importante preservar entonces la facultad de imaginar, ya sea a través de las artes, la cultura, o la creatividad. Sin duda, enmarcado dentro de estas posibilidades lúdicas, está el juguete, como símbolo representativo de las tradiciones, las costumbres y la candidez del alma.            El juguete es también una muestra del carácter de una sociedad. En México, desde tiempos prehispánicos, los juguetes han exhibido ingenio, humor y colorido. Según el antropólogo, Eduardo Matos Moctezuma, en entrevista para www.sepiensa.org.mx, “los niños de las sociedades antiguas pudieron jugar con pelotas de barro y pequeños instrumentos musicales”. A pesar de no existir registros o códices sobre el juguete prehispánico, se han hallado utensilios como muñequitos, silbatos, sonajas y trastecitos, que pudieron ser los primeros juguetes existentes en nuestro territorio.            El más curioso y representativo de esta época es el esférico de hule, de pequeñas dimensiones, que, según los expertos, no era usado en el juego ceremonial de pelota. Debido a su tamaño sólo pudo haber sido empleado para la diversión infantil, en un contexto de imitación del sentido religioso que tenía el tlachtli.            Tras la llegada de los españoles, el juguete cobró nuevas dimensiones. Los hijos de los conquistadores trajeron consigo artículos como muñecas, marionetas, dados y soldaditos, o juegos como la oca y la lotería, que se fusionaron con las tradiciones de los antiguos mexicanos.            Después de la Guerra de Independencia se popularizaron juguetes acordes a las festividades nacionales o religiosas. Aparecieron las piñatas, las matracas, las máscaras, los rehiletes, los papalotes, las sonajas y las imitaciones de armas, como espadas, escudos, arcos y flechas. Luego de la Revolución Industrial, en 1870, el juguete comenzó a fabricarse con materiales menos caseros. Se inició una masificación del mismo hasta convertirse en artículo de consumo.            Para principios del siglo XX, los niños ya contaban con una gran variedad de juegos, desde trompos, baleros, yo-yos, canicas, perinolas, carritos, trenes, resorteras, billetes simulados y caballitos de madera. Claro que, dependiendo su poder adquisitivo, poseían juguetes de mejor calidad, aunque a final de cuentas, el propósito de estos era mantener divertido al menor.            Aunque varios juguetes actualmente son más mito que realidad, aún existen raros ejemplares de aquellas épocas. El Museo del Juguete Antiguo de la Ciudad de México resguarda entre sus paredes artículos tan añejos como un pin-ball de 1902 y trenes de latón de principios del siglo XX. El titular y dueño de la colección de este recinto, Roberto Shimizu, comentó que: “El juguete representa un motor para el ingenio y la creatividad”. Argumentó que es necesario preservar el pasado para que “las generaciones actuales sepan con lo que jugaban sus padres y abuelos”, y que “pese a las carencias y pobreza del México de mitad del siglo XX, se podía ser feliz, a través de la diversión proporcionada por el juguete”.            El venerable y gruñón señor Shimizu explicó cómo llegaron a su poder cerca de un millón de piezas, casi todas, provenientes de los mercados de pulgas. “Desde 1955 me di a la tarea de recolectar y preservar juguetes como luchadores, pistolas, platillos voladores, bicicletas y otros muchos que todavía se pueden encontrar en varios tianguis de la Ciudad de México”. Así, el Museo del Juguete Antiguo ha construido un legado histórico invaluable, consistente en piezas de metal o madera, sinónimo de la nostalgia y de tiempos prolíficos.            Otro personaje emblemático, defensor del juguete antiguo, fue Ramiro Gamboa, mejor conocido como el Tío Gamboín, quien durante su carrera como animador infantil en las pantallas de Canal 5, presentó una serie de muñecos de felpa o metal, casi todos de cuerda o de fricción, que cautivaron a varias generaciones de mexicanos. El propio Shimizu envidia varios de aquellos artículos, sobre todo, una imitación de acero de la nave rusa, Sputnik, que prendía un par de luces rojas y hacía ruidos de alarma.            Justamente fue la televisión la que trajo nuevas fantasías a los niños de México. En los cincuenta se popularizaron los hula-hula, los juegos de química y de té, las cocinitas, los balones de basquetbol y futbol, americano, los patines, las patinetas, los osos de peluche, y otros tantos exportados de Estados Unidos. Llegó también un nuevo artículo de consumo para el público infantil, el cómic de súper héroes, así como la parafernalia de productos en torno a dichos personajes.            Empresas como Iga, Lily Ledy, Mi alegría, Plastimarx, Scalextric, Exin, Fisher Price o Madelman se posicionaron en nuestro territorio, ya como vendedores de juguetes para las masas, con un propósito de mercado que les generara dividendos económicos. “Para fortuna de varios de nosotros, los juguetes de los setenta y ochenta, estaban muy bien construidos, con material resistente, y eran imaginativos, propios para un niño”, aseguró Eduardo Flores, propietario de Manticora Comics, tienda de historietas y figuras de acción.            El juguete mexicano tradicional de madera o latón logró subsistir hasta la década de los ochenta. El propio Eduardo Flores recordó que cuando era niño visitaba mercados en la colonia Guerrero o San Cosme, donde por unos cuantos pesos se compraba luchadores de plástico, “carritos de fierro”, sumadoras, naipes o mini-loterías. “Fue gracias al éxito de cintas hollywoodenses como La Guerra de las Galaxias que empezó el boom por la mercancía relacionada con productos de entretenimiento”, dijo Flores con un dejo de nostalgia.             La trilogía épica-fantástica de George Lucas generó millones de dólares en ganancias monetarias, pero lo que culminó siendo más redituable para el realizador californiano fueron las licencias que vendió a empresas como Kenner para la fabricación en plástico moldeado de los personajes de la saga. Entre 1980 y 1985, los fans mexicanos de La Guerra de las Galaxias prácticamente arrasaron con las cientos de miles de unidades de muñecos, iniciando una transformación en el modo de concebir el juguete, que pasó de artículo de consumo a objeto de colección.            Gerardo Espinoza, propietario de la tienda de juguetes y figuras de acción, SCI-FI Comics aseguró que, además del interés inusitado que cobró el legado Starwars entre la población infantil de los ochenta, otro juego vino a sepultar por completo las antiguas costumbres de la niñez: el Atari.            Atari era una pequeña consola electrónica en la cual se insertaban cartuchos del tamaño de una cartera, mismos que ofrecían video-juegos simples, realizados con base en el más elemental de los lenguajes cibernéticos, el código binario. El gran protagonista de Atari fue una rueda amarilla que abría y cerraba una especie de boca para deglutir “píldoras de poder”. Pac-Man, de la noche a la mañana, se transformó en el idolillo de millones de niños alrededor del planeta, y de paso, inauguraba el mercado multi-millonario de los ciber-juegos.            “Había ocasiones en que uno no iba a la escuela por quedarse a jugar Pac-Man, o bien, nos salíamos de clases para ir a las Chispas, y por algunos centavos pasar horas y horas de diversión”, confesó Flores. Para la psicóloga infantil, Silvia Piña, “Pac-Man, La Guerra de las Galaxias y los Transformers acabaron con los juegos típicos, desde las escondidillas, hasta los encantados. La Generación X (los nacidos en los setenta) se aburrió de las historias adulcoradas de sus padres, sobre épocas mejores que nunca llegaron, y comenzaron a buscar sus propias diversiones y pasatiempos”.            En este contexto, el juguete mexicano comenzó su declive. Sin embargo, otro personaje emblemático de la televisión mexicana, Javier López Chabelo, en su programa matutino-dominical, defendía a capa, espada y pantalones cortos, los productos de los jugueteros mexicanos. Ignacio Ruvalcaba, ex asistente de producción de En familia con Chabelo, reveló que “el señor López sí permitía a empresas como Mattel o Lili Ledy anunciarse en la emisión, pero daba preferencia a Juguetibici y Apache”.            No por nada, hoy en día, la Generación X, entre los que están Eduardo Flores y Gerardo Espinoza, recuerdan casi con cariño los anuncios de Chabelo, en los que invitaba a los niños de la época a jugar con los triciclos Apache (aquellos de la tonadita “duran, duran, duran”) y las avalanchas, terror de las madres.            El eterno niño de la TV mexicana fue quizá el último bastión para el juguete mexicano, que luchó a muerte contra sus competidores extranjeros en pos de la supervivencia, lamentablemente, hoy en día, casi todos esos artículos son piezas de colección.            “En los noventa, el cómic de súper-héroes resurgió con fuerza, gracias a números como La muerte de Superman o La caída del murciélago. Además, las películas de Tim Burton sobre Batman hicieron que los personajes de DC Comics cobraran fuerza entre el público mexicano”, relató Flores.            Para aquellas épocas, el mercado del juguete se había diversificado, la competencia entre el juguete tradicional y los juegos de video inició una guerra sin tregua ni cuartel, hasta cerca del tercer milenio, cuando la Generación X, ahora económicamente activa, replanteó varias de las leyes mercadotécnicas existentes.            Piña comentó: “La Generación X es un grupo que se negó a dejar la infancia, tal vez, producto de las amarguras transmitidas por sus progenitores, casi todos, víctimas de una revolución de pensamiento que quedó truncada en los sesenta. Como hijos, se refugiaron en la televisión y en sus juegos, aislándose del contacto con los demás, convirtiéndose en una especie de autómatas”. La psicóloga ejemplificó este desdén de la Generación X por la adultez con un fenómeno que se dio en 1999, con el estreno de la cuarta película de la saga de La Guerra de las Galaxias: “Era tal la euforia que desató el Episodio 1, que varios de mis pacientes treintañeros, estaban más entusiasmados que sus hijos con el estreno del filme. Incluso, se comportaban como auténticas enciclopedias del fenómeno starwariano. Trataban de inculcarles a sus vástagos términos como La fuerza o el Lado Oscuro, casi de manera religiosa”.Así, los miembros de este grupo sociológico, eternos cautivos de los mass media, convirtieron no sólo a La Guerra de las Galaxias, sino a cualquier juguete que les recordara su infancia, en auténticos tesoros de plástico. Actualmente, en convenciones de figuras de acción o exposiciones, las figuras originales de Starwars o de súper héroes llegan a cotizarse hasta en diez mil dólares.Ante este nuevo mercado, las empresas jugueteras del mundo y sus franquiciatarios mexicanos, se dieron a la tarea de fabricar a los mismos personajes con materiales sofisticados, dándoles un toque artístico, parecido al de una obra de arte, ya no denominándolos “juguetes”, sino “figuras de acción” o “coleccionables”. En Mercado Libre, portal en Internet de compra-venta, existen más de 100 mil artículos de colección de marcas como Hasbro, Neca, McFarlane Toys, Sota Toys, Playmobil, DC Direct, Toy Biz o Barbie, cuyos precios oscilan entre los 200 y los 3 mil pesos.Los niños-web, por su parte, no parecen muy interesados en dichos artículos, máxime que el Internet y las consolas de video, llámese Play Station o X Box, les brindan horas y horas de diversión. Si visitáramos tiendas departamentales o de auto-servicio, hoy en día, encontraríamos, en la sección de Juguetes, artículos repetitivos, de materiales sintéticos, en torno a personajes de moda, como Action Man, La Liga de la Justicia o la curvilínea Barbie y sus imitadoras.“Básicamente a Wal-Mart, Gigante o la Comercial Mexicana sólo entran los productos de Hasbro, porque son los únicos que venden varias unidades. También se venden juegos de mesa, pero, aunque son los clásicos juegos, sólo llaman la atención los que mercadotécnicamente cuentan con un personaje de moda. Bueno, ni Adal Ramones, ni Televisa Deportes despertaron el interés del público con sus juegos de mesa. El juguete mexicano está muerto”, sentenció Antonio De la Concha, gerente de Wal Mart Plaza Tepeyac.“Recuerdo los almacenes en los cincuenta y sesenta. Sobre Insurgentes hubo una juguetería muy famosa, Ara, vendían de todo, carritos, soldaditos, muñecas, canicas, pero sucumbió en los ochenta, al igual que muchas otras”, enfatizó Eduardo Flores.“Los niños de ahora ni saben qué es un trompo. Todos esos juguetes son ya una especie en extinción, son un legado”, declaró Shimizu.“De cualquier forma, la era globalizada hubiese acabado con el juguete tradicional mexicano. Por ejemplo, aún no se estrena la película de los Transformers o la de El Hombre Araña 3, y los productos oficiales ya están volando. A nosotros como negociantes nos va bien, pero sí le dimos en la torre a nuestros juguetes tradicionales”, dijo Espinoza.El juguete en México ha dejado de ser parte fundamental de su sociedad, se ha extraviado y ha sido suplantado por otro tipo de parafernalia, y cuando eso sucede, cuando el ser humano pierde la inocencia, sólo resta esperar su final.

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diciembre 12, 2007 - Publicado por | Antropología

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